Estadísticas simples, mentiras grandes

Cuando tratas con analíticas para la web y las redes sociales puedes relacionar las estadísticas simples con mentiras grandes, o como dice la famosa frase* “Hay tres tipos de Mentiras: Las Mentiras, las Malditas Mentiras y las Estadísticas”

Si una web alardea de tener un número X de visitas en un espacio temporal amplio, obtiene datos tan llamativos como mentirosos. En nuestra web tenemos XXXXX visitas al año, somos los reyes del mambo, algo que se ve potenciado siempre y cuando se oculte el dato de visitantes reales y sobre todo, visitantes únicos. En muchas ocasiones se trata de visitantes recurrentes, que acceden a la web con frecuencia generando muchas visitas y páginas vistas.

Por poner un ejemplo, 200 visitantes únicos que accedan 182 días al año generan 36.400 visitas. Si éstos usuarios recorren una media de 2,5 páginas por visita, se puede llegar a mostrar el dato de 91.000 páginas vistas en un año. Son números altos, pero todo el tiempo estamos hablando de solo 200 personas.

En las redes sociales, para mucha gente, hay obsesión casi patológica en el número de seguidores, el éxito de una página en facebook o canal en twitter es medido, por muchas personas, por este único dato.

Esta circunstancia se da, entre otras cosas, porque el dato es público, con lo que implícitamente se fomenta la comparativa. Tenemos XXXXX seguidores en Twitter, somos los reyes mambo. Esta obsesión lleva a muchos a adulterar estos datos comprando seguidores de forma fraudulenta, o inflando el número con seguidores naturales que están fuera del foco de la cuenta. El dato importante es el número de seguidores reales que realizan interacciones en el canal, no el número total de seguidores. Y de estas interacciones, cuántas se convierten en conversiones.

Estadísticas simples, mentiras grandes

Por Forges

Recuerda, cuando más simples sean las estadísticas más mentirosas pueden llegar a ser. Aunque, claro, esto no implica que no se pueda mentir tan ricamente con estadísticas complejas.

* La cita se le atribuye a Benjamín Disraeli y al escritor Mark Twain.