El efecto pernicioso de La Red Social (la película)

Ayer estaban poniendo en la tele “La Red Social”, la película que afectó a mi carga de trabajo, de forma realmente notable, los dos años anteriores, sobre todo el pasado 2012.

¿Cómo es posible que una inocente película me pudiera crear tantos problemas?. Muy sencillo, porque no la vi en su momento. La vi a mediados del pasado año y entonces lo entendí todo.

Pero vamos al principio, esta película cuenta el inicio y creación de la red social facebook, de sus miembros iniciales y los problemas legales que generó, personalmente me resultó interesante el enfoque, aunque parece que una de las cosas que más llamó la atención fue el resultado, el exitoso y sobre todo millonario resultado.

Hasta ahí todo correcto, una historia curiosa, al menos para mi, ya que no tenía mucha idea del tema que trataba.

El problema está en que la película tuvo bastante popularidad, lo cual provocó un efecto pernicioso en algunas de las personas que la vieron. A este efecto lo llamo “descubrir la pólvora”.

De repente, empezaron a pensar algo aproximado a lo siguiente: “…y si monto una red social y me hago millonario, en la película parece fácil…, claro que no soy programador, ni se mucho de Internet y las redes sociales, pero me manejo bien con el ordenador…, lo importante es tener una buena idea, lo de programar es lo de menos, claro, busco un programador y que haga la red social, le pago o le ofrezco una participación y listo…, pero eso si, primero firmamos un contrato de confidencialidad, no me vaya a hacer la pirula…”.

Dos o tres meses después de esta idea, habiéndose empollado unos cuantos blogs sobre cómo montar una startup, registrada la marca y el dominio de la web, con el contrato de confidencialidad en mano y hasta un logotipo bien chulo, ya se encontraban preparados. Cada vez que tenían dudas volvían a ver la película, con lo cual conseguían reafirmarse en sacar adelante el proyecto y forrarse de forma automática.

En este estado de embriaguez gilipollesca, llega el último paso, un detalle sin importancia: encontrar un programador que monte la red social. Después de intentarlo con amigos de amigos, familiares lejanos y antiguos compañeros de trabajo o colegio, con poco éxito o resultados equivocados, toman la valiente decisión de contratar a algún profesional.

Llegados a este punto, es cuando este asunto de la película me empieza a afectar negativamente. De golpe y porrazo, en un espacio de tiempo realmente corto, empiezo a reunirme con mucha gente que quiere plantearme la ejecución de proyectos interesantes. En los primeros contactos no me explicaban sobre qué eran los proyectos, ya reunidos lo primero que sacan son los contratos de confidencialidad, algunos de los cuales eran más rígidos para ellos que para mi.

Los interlocutores siempre estaban o muy nerviosos (excitados) o muy sobrados. Después de asegurar su secreto pasaban a contarme su “gran idea”. Que en un 98% se trataba de ideas que ya estaban inventadas, funcionando y teniendo mucho o poco éxito por varias empresas operando a nivel internacional. El otro 2% directamente eran disparates sin pies ni cabeza. Recuerdo una reunión en concreto, en la que empecé a enumerarles servicios similares y mejores a lo que planteaban, llegando hasta 10 ejemplos diferentes, la verdad es que no daban crédito, no tenían ni la más mínima idea, me dio bastante pena.

Esto me provocó una pérdida de tiempo considerable, no solo en reuniones, también en estudiar y preparar los proyectos. Por supuesto, ninguno salió adelante, se sorprendían muchísimo de las valoraciones económicas, pretendían montar proyectos enormes a precio de saldo o directamente gratis.

Personalmente no entendía el furor que había de repente. Más tarde, cuando vi la película lo entendí todo. Ese fue mi fallo.

El efecto pernicioso de La Red Social (la película)

Tener ideas y lanzar proyectos sin conocimientos y experiencia puede salir bien, en el sentido de que tienes empuje y eso es bueno, pero es muy complicado que funcione, al menos con esos objetivos, aunque claro, nada es imposible.